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Introducción

Este blog fue creado con la intención de facilitar y proporcionar recursos tanto para los docentes de Educación Primaria como para sus alumnos. Asímismo, este está diseñado para opinar y criticar sobre la Educación del siglo XXI, por lo que se pretende crear un pequeño debate, foro para discutir y poner en duda los temas de actualidad a lo que educación se refiere. ¡Animate a participar visitante!

LA VOCACIÓN DEL MAESTRO

      Hace tiempo leí este articulo en la revista Tangentes, me pareció tan interesante que considero que cualquier comentario que pueda hacer sobra, ¡El articulo habla por sí mismo!. El escrito es el siguiente:
     Propongo que se detenga unos minutos y que piense en tres o cuatro profesiones que considera básicas para una sociedad y para un pueblo. Me imagino que se haría difícil esta respuesta. Dependiendo de la época y el tiempo en que la hagamos nos podríamos encontrar algunas diferencias. Antiguamente, en cualquier pueblo o ciudad habían tres personas que gozaban de toda autoridad moral: el cura, el médico y el maestro. El cura, se encargaba de curar el alma, el médico de curar el cuerpo y el maestro, de llevar a las personas el resto del mundo y del saber.

    Evidentemente estas tres profesiones requerían de una condición indispensable: la vocación. Con el paso del tiempo, parece que este concepto de vocación ha pasado a mejor vida por varios motivos. En el caso de los curas, probablemente a la irreversible secularización social. En el caso de la medicina, a consecuencia de que sólo ingresan en esta profesión los alumnos que son capaces de puntuar muy alto en las pruebas de acceso a la universidad y de tener un brillante expediente académico en el Bachillerato. En el caso de los maestros, porque, esta profesión ha quedado reducida a la única salida laboral para un buen número de titulados universitarios que encuentran en la docencia su sostén económico, se tenga o no placer por la enseñanza. ¿A qué queda reducida entonces la vocación del maestro?
    Cuando nos fijamos en la calidad de vida de un país, son varios los elementos que nos indican su nivel de riqueza y su desarrollo. Podríamos citar alguno de estos indicadores económicos como el producto interior bruto, la renta per cápita, etc. Algunos otros indicadores de carácter sanitario como la esperanza de vida o la mortalidad infantil. Y uno de los indicadores indispensables en el desarrollo es la Educación, donde se valora el número de personas alfabetizadas, la tasa de escolarización en enseñanza primaria, secundaria, así como el porcentaje de titulados universitarios. Sin embargo, en las últimas encuestas de opinión, recientemente publicadas, la Educación es actualmente uno de los asuntos que menos preocupan a los ciudadanos. ¿Qué sociedad queremos ser? ¿Hacia dónde queremos evolucionar? Este dato encaja con la devaluación que hemos ido dando al Maestro en estos tiempos. Anteriormente, ya apunté que el maestro se erigía como una autoridad moral. Sin embargo, hoy en día goza de un desprestigio galopante. Se le cuestiona su sueldo, sus condiciones laborales, su labor, su método de enseñanza, su entrega, los valores que transmite a los alumnos, su manera de pensar y hasta, si me apuran, su tendencia de voto. Se le exige más como cuidador de guardería que como elemento fundamental y referente en el progreso personal y cultural de nuestros hijos. Para muestra, hasta la Consejería de Educación de Canarias, últimamente insiste en mejorar la Educación solamente dotándola de servicios accesorios a la misma como comedor, aulas de permanencia, transporte y ampliación de los días lectivos. Todo, para mejorar la calidad del servicio. Pero no del servicio a los alumnos sino del servicio a las familias, para que el papá y la mamá se vayan tranquilos a trabajar y ocuparse de sus cosas mientras sus hijos están cuidados más tiempo, más horas y más días. Lo que menos les importa es qué maestros, qué métodos usan y con qué condiciones hacen bien o mal su trabajo. Bueno, sólo les preocupa esto último cuando aparecen los resultados del informe PISA y nos deja muy a la cola de otras comunidades autónomas, para lo que buscan excusas como las continuas modificaciones en la Ley educativa, como si estos cambios de leyes solo afectaran a Canarias.

    Al maestro se le critica hasta en casa y, por supuesto, delante de los hijos para mayor desgracia. Menosprecian así a las personas que se dedican a una de las profesiones más maravillosas del mundo. ¿Habrá alguna satisfacción más importante que enseñar a leer y a escribir? Probablemente la satisfacción del médico en salvarle la vida a alguien es equiparable, a sabiendas de que el médico salva de la muerte para poder vivir el presente, mientras que el maestro nos salva del presente para darnos el futuro.

    Quisiera dedicar estas últimas líneas a todo maestro o maestra que, a pesar de estar continuamente viendo los fracasos de los que no llegan, le es muy difícil conocer la cantidad de frutos de su trabajo. Al maestro que, siendo consciente de sus limitaciones, también es continuamente capaz de seguir aprendiendo para enseñar. Al que trabaja con ilusión día a día, añadiendo, quitando o cambiando y no repite la misma clase del curso pasado, con los mimos apuntes o pasando la página del libro de texto. Al maestro que no se sienta sino al que se levanta. Al maestro que cree en las posibilidades de sus alumnos, porque también cree en sí mismo. Al maestro que ve al adulto como el niño o el alumno que fue, y al alumno y al niño como el adulto que será. Al maestro que ve a sus alumnos como suyos y como la parte más importante de su trabajo. Al maestro que en tiempos difíciles insufla entusiasmo. Al maestro que no eligió ni el contenido ni al alumno que tiene que enseñar, sino que simplemente eligió enseñar. Quiero dedicárselo a esos maestros, a los que eligieron la profesión más bonita del mundo y no al maestro que le tocó ser maestro. Quiero dedicárselas a esos maestros de vocación.

José Antonio Mesa Hernández

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